Ayer nos enterábamos de una triste noticia para todos los que luchamos para transformar la sociedad. Anita Sirgo, histórica militante comunista asturiana, fallecía en su casa de siempre en Lada (Asturias) a los 94 años, tras una larga vida implicada en la organización y la lucha por los más oprimidos.

Hija de militantes comunistas, desde los siete años supo lo que era el terror y la represión contra la clase obrera durante el franquismo. Su madre encarcelada y su padre, que se echó al monte para combatir con la guerrilla, fue asesinado cuando ella tenía 12 años. A esa edad fue también detenida, por participar como enlace de los guerrilleros.

Obligada a trabajar desde niña, siempre tuvo claro la necesidad de pelear contra la dictadura franquista y las condiciones miserables de trabajo a las que esta, guardiana implacable de los intereses capitalistas, abocaba a la clase trabajadora.

A principios de la década de los 50 conoció al minero comunista Alfonso Braña y ambos comenzaron su militancia en el PCE. En esos años, los trabajadores asturianos empezaron a movilizarse para conseguir mejoras en sus puestos de trabajo (no tenían ventanas en los cuartos de baño, ni espacios para limpiarse, recibían salarios miserables, no había pluses de peligrosidad, ni derechos, ni compensaciones para los silicóticos) y por derechos democráticos y sociales. En ese periodo se crearon las primeras Comisiones Obreras y se inicia por parte del PCE la infiltración en el Sindicato Vertical de la dictadura, para socavarlo desde dentro.

Fruto de todo este proceso de organización obrera, se producen en la primavera de 1962 las huelgas del silencio (llamadas así porque se convocaban boca a boca), primero en las minas asturianas, y después se extendieron a otras 28 provincias, participando en los paros hasta 200.000 trabajadores, en un momento en que hacer una huelga era un delito penado con hasta 10, 20 años de cárcel. Estas huelgas se replicaron en el verano de 1962 y en 1963.

En estas huelgas tienen un papel destacado las mujeres, colocándose en primera línea en la lucha contra la represión hacia los mineros, organizando piquetes frente a las minas, lanzando maíz a los esquiroles a los que tachaban de gallinas, etc. Anita Sirgo fue una de las dirigentes destacadas en este movimiento de solidaridad obrera en las cuencas mineras.

Por participar en esta lucha fue detenida por la Guardia Civil, la golpearon, le dieron patadas y le raparon el pelo. Anita, demostrando su valentía, tras salir de la comandancia, se quitó el pañuelo que le obligaron a ponerse para tapar lo que le habían hecho y se hizo unas fotografías, que tuvieron una importante repercusión internacional y que ilustraron y sirvieron para demostrar las torturas llevadas a cabo por la dictadura. Fraga Iribarne, ministro de Información y Turismo en aquel momento, escribió una carta dirigida a los medios justificando los malos tratos hacia ella porque formaba parte de “la subversión comunista”.

A partir de aquel momento se convirtió en una destaca dirigente comunista en Asturias y también a nivel estatal. Detenida en 1965, se exilió a Francia. Tras volver del extranjero, fue encarcelada en la prisión de Oviedo durante varios meses. Sería elegida miembro del comité central del PCE en los últimos años del franquismo.

Una luchadora incansable

Pero la lucha de Anita no acabó tras el final del franquismo. Siempre ha estado al frente de cualquier batalla, ya fuera contra el cierre de las minas, por unas pensiones dignas, en las Marchas de la Dignidad…

En los últimos años ha llevado a cabo una pelea incansable contra la impunidad del franquismo, participando en la Querella Argentina contra los crímenes de la dictadura y manteniendo vivo el legado de las luchas mineras contra el régimen franquista.

Anita Sirgo siempre se mantuvo firme en sus convicciones por transformar la sociedad y acabar con la explotación de los trabajadores. Para ella, la Memoria Histórica de la clase obrera no era un espantajo folclórico sin ningún tipo de contenido político, sino una herramienta para las luchas del presente y conseguir transformar el futuro.

Con este testigo y este testimonio, desde Izquierda Revolucionaria y el Sindicato de Estudiantes reivindicamos el legado militante de Anita. En un momento en el que la ultraderecha avanza, y en el que desde la izquierda es más necesario que nunca una práctica y un programa revolucionarios, ejemplos como el de Anita Sirgo nos sirven para saber que sólo a través de la organización obrera y la lucha por la transformación socialista de la sociedad es como se pueden conquistar un mundo de libertad y bienestar para la mayoría de la sociedad.

¡Que la tierra te sea leve, Anita!

¡Seguiremos tu ejemplo de lucha!


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