La decisión de mantener a la plantilla de Correos trabajando en plena crisis del coronavirus, cuando la labor que desempeñamos a todas luces no se puede considerar esencial, está teniendo consecuencias dramáticas.

Según datos de la propia empresa, a través de su comité de salud laboral, a día 26 de marzo el impacto del virus entre los trabajadores de correos era hasta ese momento de una trabajadora fallecida, 462 casos positivos, 2067 trabajadores en cuarentena y 501 centros de trabajo afectados en su funcionamiento.

Desde el primer momento de la crisis la dirección de la empresa se está comportando como lo haría cualquier empresario privado para el que sus beneficios están por encima de la salud de sus asalariados. Resulta de un cinismo mayúsculo que el Gobierno decrete confinar a toda la población en sus casas mientras a la vez mantiene a la plantilla de la mayor empresa pública del país trabajando (53.000 trabajadores), visitando decenas de miles de viviendas, realizando un trabajo para nada imprescindible en estos momentos.

Tras el anuncio del decreto por parte del presidente Sánchez el lunes 16 se nos obligó a realizar nuestro trabajo¡¡sin ningún tipo de protección!! Ante la incredulidad de los trabajadores por semejante decisión la empresa argumentó que los equipos de protección llegarían el martes pero que de todas formas había que salir a la calle a repartir y abrir las oficinas al público. Resulta sorprendente que cuando disfrutamos permisos retribuidos nuestros puestos permanecen sin cubrir durante días y en plena pandemia de coronavirus corra tanta prisa realizar el trabajo.

A lo largo de esa semana fueron llegando a los centros de trabajo con cuenta gotas guantes y geles hidroalcohólicos de uso comunitario de dudosa homologación (los individuales acaban de empezar a llegar en estos últimos días). A pesar de que hace apenas una semana desde la dirección de Correos se insistía en que no era necesario repartir mascarillas entre los trabajadores, por fin estas están empezando a llegar a los centros de trabajo.

La medida adoptada por la empresa de trabajar en días alternos, para facilitar la distancia de seguridad es un brindis al sol totalmente irrealizable. Hay multitud de centros tan pequeños que aunque no se encuentre la mitad de la plantilla, es inviable mantener esa distancia; además resulta inevitable tocar lo que otro compañero toca (puertas, aseos, ordenadores, etc...).

Nuestro trabajo no es una actividad productiva esencial

Correos miente cuando afirma que solo se “prestan servicios postales esenciales”. Yo personalmente hoy, sin ir más lejos salgo a jugarme la salud y la de los demás para repartir cuatro certificados y unas 70 facturas de teléfono, agua, etc. La carta más importante que llevo es el papel que hay que presentar para la declaración de la renta. Para esto nos tiene el Gobierno en la calle. Mantener que repartir este material es un servicio esencial en las actuales circunstancias es cuanto menos una broma macabra. Sí podríamos dar esa consideración por ejemplo a los envíos de dinero, pero para ello se necesitaría muy poco personal que podría desempeñar su trabajo con la adecuada protección.

Porque aquí también miente la dirección cuando dice que “solo está operativo el personal estrictamente imprescindible para la prestación del servicio público”. Aunque se haya tomado la medida de trabajar en días alternos y reducir el horario de las oficinas de 9:30 a 12:00 horas, eso no quiere decir que se haya enviado a la plantilla a casa, esta sigue estando en activo, aunque menos horas, las suficientes para que la salud de los trabajadores corra un grave riesgo.
Sigue siendo sorprendente la repentina obstinación de Gobierno y Dirección por mantener el servicio público en estos momentos cuando llevan años recortándolo, externalizándolo y depauperándolo.

Nuestra actividad no es esencial. A día 26 seguíamos con la orden de no sacar a reparto las notificaciones administrativas, algo lógico ya que la Administración está paralizada.
La inmensa mayoría de los productos postales que trabajamos y los servicios que prestamos son absolutamente superfluos en las actuales circunstancias.
La semana pasada el reparto de las compras on-line se derivó a la filial Correos Express. Son estos compañeros autónomos los que se están jugando la vida (en un momento de repunte de estas compras) para llevar este tipo de paquetería absolutamente innecesaria. Estas son las consecuencias de la externalización de los servicios en una empresa pública.

¡Paralización de la actividad ya!

La actitud del Gobierno respecto a la mayor empresa pública del país es absolutamente escandalosa y el desprecio a nuestra salud es absoluto. Los casos de coronavirus crecen sin parar y la empresa se está limitando a realizar una limpieza del centro de trabajo y se obliga a volver a trabajar, en Cataluña, por ejemplo ya ha ocurrido en muchas unidades de reparto.
Mantener en activo a decenas de miles de nosotros es una absoluta temeridad. El tipo de trabajo que realizamos debido a su tremenda capilaridad nos convierte en un colectivo especialmente propenso al contagio y la infección. ¡¡No hay pueblo, barrio ni vivienda que no sea visitada por un cartero!!

Por nuestro bien, el de nuestras familias y el del conjunto de la ciudadanía los sindicatos de clase deberían estar exigiendo la paralización inmediata de nuestra actividad. El artículo 21 de la Ley de Prevención de Riesgos Laborales nos respalda ya que “estamos expuestos a riesgo grave e inminente en nuestro puesto de trabajo”.

 

 

 


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