El jueves 29 de junio se celebró un referéndum en todas las factorías del grupo Navantia para ratificar la firma de un preacuerdo de convenio y de un nuevo plan de empresa. La oposición a la firma de ambas propuestas, posición defendida por CGT, entre otros sindicatos, fue demoledora y refleja el profundo malestar que existe.

En el caso del convenio apoyaron la firma 697 trabajadores y se opusieron 1.882, ganando el NO en 5 de los 7 centros de trabajo que componen el grupo. Más del 71% de los trabajadores. En el caso del plan de empresa, que implica el anuncio de inversiones millonarias y de 1.500 incorporaciones, la oposición fue también clara, 940 a favor frente a 1.609 que lo rechazaron.

La división que se ha escenificado entre las diferentes secciones sindicales de CCOO ha sido pública y notoria. Mientras en Cádiz, San Fernando, Fene y Ferrol pedían el apoyo al preacuerdo, en Cartagena, Madrid y Puerto Real se oponían. El golpe que han sufrido las secciones sindicales que defendieron el SÍ ha sido brutal, muy particularmente las de Ferrol y San Fernando que son, junto a Cartagena, los centros más grandes, y que se implicaron a fondo.

En la factoría de Ferrol solo CCOO pedía el apoyo al preacuerdo. CGT, junto a CIG, UGT y MAS, pedíamos el NO. El resultado fue de 761 votos en contra y 247 a favor, revelando que a CCOO no lo votó ni la mitad de su afiliación.

Otro aspecto relevante que ponen de manifiesto estos resultados es que lo que nos contaban todos los sindicatos de Ferrol presentes en el comité intercentros para justificar el no endurecer las movilizaciones, de que el resto de factorías no se movilizaban porque el convenio les valía, no era verdad.

Los trabajadores han hablado con mucha contundencia, tras meses de negociación en la que no informaban de nada y ante una propuesta de convenio que es un verdadero insulto al no conseguir ninguno de los puntos importantes de la plataforma: ni la eliminación de los niveles de entrada de las nuevas incorporaciones, ni el pago de las horas extra de los técnicos superiores, ni la recuperación de poder adquisitivo, ni la recuperación del sistema de promociones que teníamos, ni la mejora de algunas licencias retribuidas que garanticen la conciliación, ni las jubilaciones a los 61 años…, solo migajas y nuevos recortes.

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Estos resultados muestran la bancarrota de la burocracia sindical que solo aspira a gestionar lo que la empresa le permite; y reivindican el sindicalismo de clase, combativo y democrático que defendemos en CGT de Navantia-Ferrol. 

Duro golpe al sindicalismo de gestión y de paz social

Los planes de la burocracia sindical de CCOO en la factoría de Ferrol y de la empresa en general, que aspiraban a un convenio de trámite antes de unas elecciones sindicales que tocaban por estas fechas, pero que por la negociación del convenio se había decidido posponer hasta después de las elecciones generales, se han trastocado.

Pero, sobre todo, estos resultados han puesto sobre la mesa la bancarrota de un sindicalismo burocrático que no aspira a defender los intereses de los trabajadores, sino a gestionar lo que la empresa le permite; y reivindican el sindicalismo de clase, combativo y democrático que siempre hemos defendido desde la sección sindical de la CGT.

También es un golpe a la empresa, que se pensaba que los trabajadores éramos una prolongación de los representantes sindicales en el Intercentros. Por eso pretendían consolidar la pérdida de derechos y ahondar en el empobrecimiento y los salarios de miseria para las nuevas incorporaciones, al menos hasta 2025.

Los trabajadores queremos recuperar los derechos que nos fueron arrebatados en el anterior convenio, y para eso hay que empezar por cuestionar los límites presupuestarios que marca Navantia. Porque todo lo que reclamamos exige un aumento drástico de la partida presupuestaria dedicada a salarios, y esto no se va a conseguir en reuniones eternas con la empresa o con la SEPI.

Tras el golpe que hemos dado en el referéndum, y que denota solo una parte de la enorme fuerza que tenemos los trabajadores si nos unimos para pelear por un convenio digno, estamos en mejores condiciones para organizar un otoño caliente en Navantia, con movilizaciones coordinadas de las plantillas de los siete centros que vayan a más, e incorporando a la lucha a los trabajadores de la industria auxiliar y sus reivindicaciones, que tienen que formar parte de la plataforma reivindicativa. Este escenario provocaría escalofríos en la alta dirección de Navantia, de la SEPI y del Gobierno con el que nos toque enfrentarnos para conseguir un convenio en el que recuperemos los derechos que nos fueron arrebatados. 

Para llevar adelante este tipo de movilizaciones es necesario que en Navantia se abra paso un sindicalismo combativo, que haga de la confrontación con la empresa la piedra de toque para los avances. Que sea democrático y asambleario poniendo en el centro de la toma de decisiones a los sectores más comprometidos con la lucha. Que sea de clase e internacionalista, para neutralizar cualquier maniobra de la empresa para trocearnos y enfrentarnos entre factorías, entre principal y auxiliares, o entre veteranos y jóvenes. Solo un sindicalismo combativo y a la ofensiva puede organizar esta batalla contra Navantia y la patronal de las auxiliares para recuperar los derechos arrebatados hoy, y luchar por conseguir nuevas mejoras mañana.


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