Los trabajadores de Tubacex han superado ya los 200 días de huelga indefinida. Su lucha logró una importante victoria en el mes de julio cuando el Tribunal Superior de Justicia del País Vasco tumbó los 129 despidos en dos sentencias que declaraban el ERE nulo y obligaban a readmitir a los trabajadores. A pesar de esto, la empresa se negó a reincorporarlos y recurrió al Tribunal Supremo.

En septiembre la dirección de Tubacex ha presentado un nuevo ERTE que incluye a los 129 despedidos, como reivin­dicaba el comité, pero se niega a retirar el recurso, el ERE y los despidos.

La huelga continúa. Los trabajadores tienen muy presente lo ocurrido el 4 de mayo de este año en ITP, donde también se declaró nulo el ERE que afectaba a 90 empleados. La empresa se negó a que estos volvieran a sus puestos de trabajo y emprendió una campaña de persecución sindical contra el conjunto de la plantilla.

La plantilla de Tubacex es consciente de que las sentencias son fruto de su lucha. Han sabido unificar y extender el conflicto a otras empresas afectadas igualmente por ERE, recortes y despidos. Ese es el camino para enfrentar la ofensiva general emprendida por los capitalistas.

No es una crisis coyuntural: tenemos que defendernos de la ofensiva patronal

Desde las direcciones de CCOO y UGT y también desde las de ELA y LAB se insiste en que la crisis es “coyuntural”. Así se abre la puerta a negociar ERTE y a aceptar, e incluso defender, más ­ayudas para una patronal que apenas paga impues­tos y considera sagrados e intocables sus beneficios.

En esta lógica, los sindicatos también han estado dispuestos a renunciar “temporalmente” a algunos derechos o a dejar por el camino puestos de trabajo si las bajas eran “no traumáticas”. Esto es un grave error. La experiencia nos demuestra que la firma de un ERTE hoy facilita los ERE y despidos del futuro.

La crisis de sobreproducción que se manifestó con toda su fuerza en 2008, no ha sido resuelta. Ahora, con la covid-19 como detonante, ha vuelto a expresarse con mayor vigor.

En estos momentos, tras la profunda caída de 2020, hay un repunte de la economía y del empleo. En 2020 la economía vasca cayó en más de un 9%. La previsión para 2021 es de un crecimiento del 6,7% y de un 5,7% en 2022.

Pero la precariedad y la ofensiva contra nuestros derechos se han convertido en la marca de la casa, y el carácter de la recuperación es —en este caso sí— coyuntural. Se basa en gran medida en enormes inyecciones de gasto público, que no han repercutido en mejorar nuestras condiciones, sino en aumentar exponencialmente las ganancias empresariales.

Los capitalistas, sin embargo, ven el futuro con desconfianza e incertidumbre y buscan aumentar sus resultados presentes y futuros llevando a cabo, con la excu­sa del covid, una profunda reconversión industrial basada en sustituir trabajo fijo y con derechos por trabajo precario con largas jornadas y bajos salarios.

¡Hay que convocar ya la huelga general en Euskal Herria!

Al igual que Tubacex, muchas empresas con beneficios han aprovechado la pandemia para hacer reestructuraciones con el único objetivo de incrementar sus ganancias y el nivel al que explotan a sus trabajadores.

Las lecciones de Tubacex y otras empresas son claras y muchas plantillas impulsan desde abajo la unificación de las luchas. Lo vimos en Gasteiz, en el aniversario de la huelga general del 30 de enero, con una manifestación apoyada por 50 comités de empresa; en Llodio, con las acciones contra los despidos convocadas por 17 comités o en Bilbo, con movilizaciones unitarias de las empresas en lucha.

Es hora ya de poner fecha y comenzar a preparar la huelga general. Es necesario reactivar los comités creados durante la huelga general del 30 de enero de 2020 en todos los barrios y pueblos, implicar al conjunto de nuestra clase para prepararla en todas las empresas y centros de estudio para echar abajo las reformas laborales, luchar por un SMI y por pensiones mínimas de 1.200 euros, por las 35 horas semanales sin reducción salarial, jubilación a los 60 años, servicios públicos de calidad y empleos dignos.

Necesitamos hacerlo defendiendo un sindicalismo combativo y una izquierda que confronte directamente con los capi­talistas y sus representantes. Que ­defienda los puestos de trabajo con firmeza. Que explique claramente que el criterio para defender el empleo y la indus­tria no ­puede ser el porcentaje de beneficio que el capitalista obtiene, sino la necesidad social que cubra esa empresa.

Que exija la nacionalización de todos los sectores y servicios que fueron privatizados; expropiar los grandes bancos, oligopolios y empresas, sin indemnización, poniéndolas a producir bajo control de las y los trabajadores, planificando la economía al servicio de las necesidades sociales y no del ­lucro privado.


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