La Carta de Derechos Sociales de Euskal Herria —en la que participan organizaciones sociales y sindicatos, entre ellos ELA y LAB— ha anunciado la convocatoria de una huelga general en Hego Euskal Herria para el 30 de Enero. Desde Izquierda Revolucionaria–Ezker Iraultzailea y Sindicalistas de Izquierda apoyamos decididamente esta convocatoria y contribuiremos con todas nuestras fuerzas para que sea un éxito. 
 Con el lema “trabajo, pensiones y vida dignas” esta huelga plantea pasar a la ofensiva, basándose en la fuerza y el ejemplo de movilizaciones como las de los pensionistas que con su lema “gobierne quien gobierne, las pensiones se defienden” se han convertido en  una referencia de lucha tanto en Euskal Herria como estatalmente. Pero esta huelga también tiene que unificar al conjunto de la clase obrera, que vive el retroceso de los salarios, el endurecimiento de los ritmos de trabajo y los despidos, a toda la juventud que sufre la precarización, los sueldos de miseria, los ataques a la educación pública y la represión del Estado, y poner en primera línea la defensa de los derechos de la mujeres contra la violencia machista del sistema y su justicia patriarcal.
 
Es hora de levantar un movimiento de masas en Euskal Herria contra la agenda de recortes y austeridad del PNV y la burguesía vasca, y las políticas reaccionarias y de represión al pueblo de Catalunya que los gobiernos del PP y del PSOE han sostenido en estos años. 
 
La gran mentira del “oasis” vasco
 
Mucha tinta y saliva han gastado los medios de comunicación en vender una imagen falsa de la realidad que vive la clase trabajadora en Euskal Herria, presentando un supuesto “oasis” de prosperidad que es un completo fraude. Según los propios datos del Gobierno Vasco “la pobreza real” ha subido un 48% entre 2016 y 2018. Actualmente, 197.185 personas en la CAPV están en riesgo de pobreza—la tasa más alta desde 2008— y el 66,4% de esas personas no reciben una atención adecuada por el sistema de prestaciones. Más del 92% de los nuevos contratos son temporales y precarios. Los desahucios también alcanzan cifras espeluznantes – 400 sólo en 2019 – en la mayor parte por no poder pagar el alquiler.
 
Los únicos que se han beneficiado de la hoja de ruta aplicada por el  Gobierno del PNV-PSE han sido la patronal, los banqueros y la Iglesia. Ellos y sólo ellos se han llenado los bolsillos de la privatización de la educación y del resto de servicios públicos, muy superior a la media estatal. Son los empresarios los que incrementan sus cuentas de resultados a costa de convenios miserables, y cuando son desafiados por los trabajadores cuentan con el apoyo de las pelotas de goma de la Ertzaintza​​. Esta oligarquía es la que se lucra con el precio estratosférico de los alquileres, o con la legalización de la prostitución, esa forma extrema de violencia contra la mujer, y que el PNV ampara con su “Ley vasca de espectáculos públicos y actividades recreativas”.
 
Este Gobierno aplica el credo neoliberal sin ningún tipo de rubor, al tiempo que jalea la represión contra los obreros en huelga, como ha ocurrido en el metal de Bizkaia, o contra la juventud que lucha por sus derechos y resiste al fascismo de Vox.
Los mismos que se ponen el traje verde del ecologismo subvencionan a manos llenas a las grandes eléctricas que más contaminan, o ponen en marcha la incineradora de Gipuzkoa que provocará enormes daños en el medio ambiente y la salud de las personas que viven en la zona.
 
La experiencia es tozuda: el PNV no es ningún aliado de los trabajadores, de la juventud, de los que padecemos los efectos de la crisis capitalista. Pensar que de su mano podemos avanzar en los derechos sociales y nacionales de Euskal Herria es un completo sinsentido. La experiencia de Catalunya es clara. Mientras el pueblo catalán lucha por la autodeterminación y la república contra la represión del Estado, los jefazos del PNV se hartan de justificar la política del Gobierno y pactan todo lo que haga falta. Nunca han movido un dedo ni contra la monarquía ni contra el régimen del 78, y la razón es evidente: desde el principio forman parte de este régimen y sólo buscan apuntalarlo.
 
 
Hacer un éxito de la huelga general y unificar la lucha con la clase trabajadora a nivel estatal
 
La clase trabajadora y la juventud vasca han sido exprimidos por las políticas de los capitalistas vascos y su gobierno, y la respuesta en las calles ha sido muy intensa a pesar del silencio mediático. Decenas de huelgas —trabajadores del metal, de artes gráficas, del servicio de ayuda a domicilio, residencias, limpieza, de trabajadores de la enseñanza, de los estudiantes—…, se han fusionado con las movilizaciones multitudinarias del 8M, contra la sentencia de La Manada, por la libertad inmediata de los jóvenes de Altsasu, y por el derecho a la autodeterminación del pueblo catalán y en defensa de su lucha por la república. 
 
Este es el escenario que ha precedido la convocatoria de esta huelga general. Ahora el objetivo es claro: revertir los ataques a nuestras condiciones de vida y trabajo. Multitud de organizaciones, asociaciones y colectivos ya se han sumado al llamamiento: el movimiento de pensionistas de Euskal Herria, el movimiento feminista, la PAH de Bizkaia, Ikasle Sindikatua, Ernai, Berri Otxoak, entre otros.  
 
Cuando todo esto está ocurriendo, la negativa de las direcciones de CCOO y UGT a secundar la huelga general vuelve a confirmar que su estrategia de paz social y desmovilización es un tremendo error. Los mismos dirigentes que consideran este llamamiento a la huelga como “poco oportuno”, se han puesto de perfil durante años mientras los Gobiernos de turno atacaban nuestros derechos, o llegaban a pactos lesivos para nuestros intereses, y ahora se están preparando para otorgar un cheque en blanco al futuro Gobierno de coalición PSOE-Unidas Podemos, que ya ha anunciado su renuncia a derogar la reforma laboral, la contrarreforma de las pensiones, la LOMCE o la Ley Mordaza.
 
En esta estrategia, la socialdemocracia y los dirigentes sindicales lamentablemente están contando con el apoyo de los dirigentes de Podemos que, abandonando las demandas de su base social, se han convertido en “hombres y mujeres de Estado” para asegurar la gobernabilidad… del sistema. La vergonzosa abstención de la formación morada en el parlamento estatal en la votación de la “Ley Mordaza Digital”, el acuerdo alcanzado entre Elkarrekin Podemos y el PNV para los nuevos presupuestos de la CAV, o el intento de dividir el movimiento de pensionistas Hego Euskal Herria para que se desmarque de la huelga general, son una muestra de las desastrosas consecuencias de sustituir la lucha y la movilización en las calles por el juego parlamentario e institucional como escuderos del PSOE. 
 
El balance de estos años demuestra que sólo a través de la organización y la movilización unificada en las calles podemos lograr nuestros objetivos. Por eso desde Izquierda Revolucionaria – Ezker Iraultzailea  y Sindicalistas de Izquierda contribuiremos con todas nuestras fuerzas para que el 30 de enero la huelga sea masiva, se organice en cada rincón, en cada fábrica, centro de estudio y barrio con asambleas participativas y democráticas, y forme parte de un plan de movilización ascendente hasta lograr nuestras reivindicaciones.
 
La huelga del 30 de enero en Euskal Herria señala el camino, igual que lo hacen nuestros hermanos de clase franceses con la gran huelga que han organizado contra la reforma de las pensiones del gobierno Macron y su política antiobrera. Por eso, esta gran jornada deber construir un puente para extender y unificar nuestra lucha con la de la clase trabajadora y la juventud del resto del Estado, para confrontar con los grandes poderes económicos y con aquellos que, dando la espalda a la clase obrera y la juventud, se prepararan para gobernar en beneficio de la oligarquía y del régimen del 78.
 
¡Contra los recortes, la precariedad y la represión!
¡Por la transformación socialista de la sociedad!
 
¡Todos y todas a la Huelga General el 30 de Enero!
 
1. Derogación de las reformas laborales y de las pensiones. SMI de 1.200€. Subsidio de desempleo indefinido equivalente para los parados hasta encontrar empleo. 35 horas semanales sin reducción salarial. Fin de la precariedad laboral: fijos en plantilla a los 15 días.
2. Pensiones dignas y públicas: jubilación a los 60 años y pensión mínima de 1.200€.
3. Derogación inmediata de la LOMCE y Heziberri y fin de todas las medidas y leyes privatizadoras. Por una única red de educación pública, en euskera, de calidad y gratuita desde infantil a la universidad.
4. Derecho a una sanidad pública digna, gratuita y universal. Derogación de todas las leyes que han permitido la privatización de la sanidad.
5. Prohibición de los desahucios por ley. Por un parque de viviendas públicas que cubra la demanda existente con alquileres sociales, expropiando los pisos vacíos en manos de los bancos.
6. Remunicipalización de los servicios públicos privatizados, manteniendo y ampliando las plantillas y respetando los derechos laborales. 
7. Combatir el fascismo y el racismo con la movilización y la organización. Fin de la Ley de Extranjería y de los CIEs, garantizando los derechos políticos, sociales y económicos para los inmigrantes y sus familias.
8. Basta ya de represión: derogación de la “Ley Mordaza” y la “Ley Mordaza Digital”. Libertad inmediata para los jóvenes de Altsasu.
9. Depuración de fascistas del aparato del Estado. Fin de las políticas de venganza y dispersión a los presos vascos: amnistía para todos los presos políticos.
10. Contra la violencia machista, la justicia patriarcal y la discriminación de la comunidad LGTBI. Acabar con la brecha salarial y de pensiones entre hombres y mujeres. No penalización del cómputo de cotizaciones en los contratos a tiempo parcial. Cómputo día trabajado igual a día cotizado.
11. Reconocimiento del derecho a la autodeterminación. Por las repúblicas socialistas de Euskal Herria y Catalunya y una república socialista federal, de los pueblos y naciones que componen el Estado español basado en la unidad libre y voluntaria, si así lo deciden.
12. Nacionalización de la banca y los sectores estratégicos de la economía bajo el control democrático de la clase trabajadora, para garantizar el bienestar de la mayoría y acabar con la destrucción del medio ambiente.
 

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