Los trabajadores de las factorías de Navantia en la ría de Ferrol llevaron a cabo una huelga indefinida de la industria auxiliar del mantenimiento para reivindicar la readmisión de quince trabajadores despedidos, objetivo que lograron después de casi tres semanas.
Y lo consiguieron prácticamente solos porque, más allá de las buenas palabras, el apoyo sindical más bien brilló por su ausencia. 
Los motivos reales de estos despidos fueron dos: 1) el intento de anular en la práctica el derecho de subrogación de los trabajadores del mantenimiento en empresas públicas, conquistado en el último convenio del metal provincial, firmado hace dos años; y 2) debilitar a una plantilla que está unida y es muy combativa. 

La patronal no estuvo sola en esta batalla. Contó con el apoyo de la dirección de Navantia, que participó activamente en la campaña para justificar los despidos por la supuesta baja cualificación de los trabajadores, cosa totalmente falsa, como demuestra que varios de ellos pasaron a fijos esta primavera (por el plazo de los tres años) y que otro fue ascendido hace unos meses. Más grave todavía, Navantia violó el derecho a huelga al permitir que otros trabajadores (tanto de otras compañías como de la principal) pusieran en marcha diversas grúas paradas a causa de la huelga. 

Aún más solos estuvieron los trabajadores. En esas tres semanas, el comité de empresa de Navantia, aunque sacó un comunicado formalmente correcto, en la práctica no quiso hacer nada para apoyar realmente la huelga. No hizo nada ante la violación del derecho a huelga por parte de Navantia (que puso a funcionar alguna grúa puesta fuera de servicio por los delegados de Salud Laboral del propio comité), se negó a convocar una asamblea general para combatir la campaña de intoxicación contra los huelguistas iniciada por Navantia y, sobre todo, se opuso, como si les fuese la vida en ello, a extender la lucha al conjunto de la fábrica (y muy particularmente a la plantilla de la principal), cuestión que hubiese permitido lograr la victoria en cuestión de días, no de semanas. 

Todos los despedidos fueron finalmente readmitidos. Se ganó una batalla, pero la guerra continúa. La dirección de Navantia ya manifestó que tiene la intención de dejar de subcontratar el mantenimiento, un planteamiento que en ella es totalmente deshonesto, como demuestra que a finales de septiembre haya subcontratado por dos años todo el mantenimiento de las tres factorías de la bahía de Cádiz.

Lo que pretende realmente con esta maniobra no es disminuir la subcontratación, sino tener una excusa que parezca presentable para lograr el objetivo de que trabajadores del mantenimiento acaben en la calle. Quieren castigar a unos trabajadores de la industria auxiliar que se atreven a luchar, que se rebelan contra los designios de sus empresarios y de la dirección de Navantia, quieren castigar a unos trabajadores que en estos tiempos de paz social y de tanto compadreo entre algunos sindicatos y las empresas son un mal ejemplo para el resto de los trabajadores subcontratados.
 
Desde CGT Navantia-Ferrol, defendemos el fin de la subcontratación, integrando a los actuales trabajadores en la principal y contratando  nuevos para realizar estas tareas en condiciones dignas.
  
Por supuesto, los compañeros de CGT dimos durante la huelga un apoyo total a los compañeros en lucha: informando al resto de los trabajadores mediante carteles, combatiendo las mentiras patronales, haciendo propuestas concretas de acciones, asambleas, y planteando al resto del comité para extender la movilización. Y, por supuesto, se lo volveremos a dar cuando vuelvan a luchar. 
 

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