¡Reagrupar nuestras fuerzas para volver a la lucha en las mejores condiciones!

El despido a finales del mes de junio de varios compañeros de Mecamansol, subcontratados en el astillero de Navantia en Cádiz, provocó de forma inmediata una ola de solidaridad y de paros espontáneos en los astilleros de la Bahía.

Estos despidos fueron la gota que colmó el vaso. La rabia acumulada por los incumplimientos de convenio, por las jornadas agotadoras de 12 horas incluidos sábados y domingos, por los abusos patronales y, en fin, por la situación de precariedad que cada día es más grave entre los trabajadores de las subcontratas de los astilleros, salieron de golpe a la luz y se expresaron en el éxito de las primeras acciones y movilizaciones.

Una ofensiva antiobrera con pocos precedentes

Asustados ante un posible conflicto generalizado en el metal gaditano, la patronal y el Gobierno del PSOE-UP (sí, el Gobierno, porque Navantia es una empresa 100% estatal) activaron todos los mecanismos de presión a su alcance para impedir la movilización y dar un escarmiento a los trabajadores. La paz social está por delante de los derechos obreros.

Los medios de comunicación de la provincia de Cádiz y de Andalucía entera se lanzaron, siguiendo las órdenes de sus amos, a atacar, desprestigiar y criminalizar a los trabajadores de astilleros, mostrando un odio especialmente intenso contra la Coordinadora de Trabajadores del Metal (CTM), un sindicato joven nacido como alternativa a la política capituladora de CCOO y UGT. Las repugnantes declaraciones de Diego Chávez, presidente de la patronal de la Federación de Empresas del Metal de Cádiz (FEMCA), calificando de “terroristas sindicales” a los trabajadores y trabajadoras organizados en la CTM, indica hasta donde están dispuestos a llegar.

La dirección de Navantia, de acuerdo con empresas armadoras y con la patronal de subcontratas, contribuyó a esta ofensiva con la amenaza de que se iban a perder contratos de reparaciones y con la interrupción de 74 contratos fijos discontinuos, enviando a los trabajadores afectados a su casa. Se trata de una medida mafiosa, una coacción completamente inaceptable y que viola abiertamente la libertad sindical, pero para estos señoritos cualquier acción es válida si sirve para atemorizar a la clase trabajadora.

Como era de esperar, los dirigentes de CCOO y UGT del sector naval gaditano, desde hace muchos años al servicio incondicional de los empresarios y de lo que ellos llaman paz social, se colocaron al lado de la patronal  como vulgares mamporreros, y a través de declaraciones a la prensa y la difusión de audios infames, calumniosas y amenazantes como los que denunciábamos hace escasos días, pusieron su granito de arena para aplastar la justa lucha de los trabajadores de las subcontratas.

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Necesitamos aumentar nuestro grado de organización, de coordinación y unidad entre los tres astilleros y entre la plantilla de la principal y la de subcontratas para dar con éxito la batalla contra la precariedad. 

La culminación de esa vergonzosa campaña de las burocracias de CCOO y UGT fue el comunicado conjunto de la dirección de Navantia y su Comité de Empresa, atacándonos a los trabajadores de subcontratas y justificando la represión patronal. Y hacen esto justo cuando CCOO de Navantia acaba de ser desautorizada rotundamente por los trabajadores y trabajadoras de su empresa, que han rechazado por abrumadora mayoría el preacuerdo de convenio que estos “sindicalistas” de despacho y moqueta habían firmado con la empresa a espaldas de la plantilla. Y ahora, para intentar compensar a ojos de la empresa su miserable fracaso, aceptan convertirse en verdugos de los trabajadores subcontratados.

¡Tenemos fuerza para luchar, pero es imprescindible organizarnos y prepararnos!

Como resultado de la ofensiva antiobrera desatada por la patronal y el Gobierno, ha sido inevitable desconvocar las huelgas que CTM y CGT habían convocado a partir del lunes 17 de julio. Era evidente para todos que en estas condiciones, con una desigualdad de fuerzas tan acentuada, las posibilidades de victoria de la huelga eran nulas e incluso, en medio de suspensiones de contratos fijos-discontinuos, podría ser contraproducente.

Pero debemos evitar que este paso atrás haga cundir el desánimo y la desmoralización. Precisamente la agresividad demostrada por la patronal, el Gobierno, los medios de comunicación y la burocracia de CCOO y UGT refleja, muy a su pesar, la preocupación que nuestra lucha por unas condiciones dignas de trabajo despierta en las altas esferas empresariales y políticas. La huelga de noviembre de 2021 demostró de lo que somos capaces si nos organizamos, nos unimos y nos preparamos.

Con esta ofensiva, la patronal y el Gobierno nos quieren esclavos y arrodillados, pero nos tendrán enfrente y de pie. El ataque que estamos sufriendo los trabajadores de astilleros no es solo contra nosotros. Es un ataque a toda la clase obrera de Cádiz. La patronal quiere generalizar la precariedad. ¿Qué futuro tendrán nuestros hijos e hijas y nuestros nietos y nietas si los empresarios se salen con la suya?

Por eso, debemos aprender las lecciones de esta lucha. Nuestro grado de organización, de coordinación y unidad entre los tres astilleros y entre la plantilla de la principal y la de subcontratas no es todavía suficiente para dar con éxito la batalla contra la precariedad.

El rechazo al preacuerdo de convenio en Navantia, a pesar de que lo apoyaba CCOO, es un anticipo de que nuevas luchas van a sacudir el sector de astilleros. Es el momento de organizarnos, de unir nuestras fuerzas, golpear todos juntos y recuperar nuestros derechos.


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