¡Es hora de expropiarlas y nacionalizarlas bajo el control de los trabajadores!

El espectáculo al que estamos asistiendo entre la multinacional farmacéutica AstraZeneca y la Unión Europea (UE) respecto a la producción y distribución de la vacuna contra la covid 19 en medio de una letal tercera ola vuelve a poner en evidencia la decrepitud del sistema capitalista.

Más allá de la propaganda, todas estas multinacionales farmacéuticas —despreciando el sufrimiento padecido a causa de la pandemia más virulenta en cien años y cuyas cifras oficiales superan los dos millones de muertos— solo se guían por un criterio: obtener el máximo de beneficio a costa de lo que sea. Estas vacunas se han convertido en una nueva fuente de especulación, acaparando su producción un puñado de monopolios para poder ofrecerlas al mejor postor.

También ha quedado patente el papel de los Gobiernos capitalistas, subordinados al gran capital y a su vez impotentes frente a los abusos de estas compañías. Es el caso de la UE que tenía “aseguradas” 80 millones de dosis de AstraZeneca en el primer trimestre del año, pero que ahora recibirá a lo sumo un 50%, 40 millones. Después de varios desplantes de la compañía y de ridículas amenazas verbales por parte de la Comisión Europea, exigiendo que haga público el contrato firmado (la UE no puede hacerlo por las cláusulas de confidencialidad aceptadas) o que se controlaría la exportación de la vacuna desde sus fábricas europeas, se ha llegado a un acuerdo por el que la Unión Europea… ¡acepta los incumplimientos de AstraZeneca!

Unos incumplimientos que resultan aún más escandalosos si tenemos en cuenta que la UE adelantó 300 millones de euros para garantizar inversiones destinadas a la producción de la vacuna. Pocos meses antes, AstraZeneca —en una burda operación propagandística avalada y difundida por los medios de comunicación— afirmaba que vendería la vacuna a precio de coste. Una mera operación de marketing con el objetivo de incrementar aún más sus oportunidades de negocio, y que contradice sus propias previsiones de beneficios y del resto de multinacionales farmacéuticas. Además, el secreto empresarial y bancario, derecho fundamental al servicio de los capitalistas, garantiza que este tipo de afirmaciones queden en puro papel mojado.

A pesar de que ya existen las vacunas, nos encontramos con un sinsentido. La incapacidad para producirlas a la mayor velocidad posible. En la propia UE hay varias fábricas de AstraZeneca, ¿por qué no se toma el control inmediato de las mismas para garantizar la producción y una distribución justa? Una medida así habría permitido hace meses preparar el sistema productivo mediante inversiones masivas para producir millones de vacunas en muy poco tiempo. Algo que no han hecho estas compañías, preocupadas únicamente por obtener el máximo beneficio con la menor inversión posible.

Negocios multimillonarios a costa de recursos públicos

Vivimos una situación similar a una guerra, y como en toda guerra: negocios son negocios, a costa de lo que sea. Las farmacéuticas, auténticos piratas del siglo XXI, obtendrán ingresos de entre 50.000 y 70.000 millones de euros hasta 2022 por las vacunas contra la covid. Moderna, CureVac y BioNTech pasarán de 179 millones de euros de ventas en 2019 a atesorar 24.052 millones en 2020, 2021 y 2022. Fruto de estas previsiones sus acciones en Bolsa se han disparado, con incrementos en algunos casos del 500%.[1] Y ahora toca, sobre la base de la necesidad y la desesperación, acaparar y especular de cara a inflar aún más sus cuentas de resultados.

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"Las farmacéuticas, auténticos piratas del siglo XXI, obtendrán ingresos de entre 50.000 y 70.000 millones de euros hasta 2022 por las vacunas contra la covid"

En el caso de AstraZeneca sus acciones han llegado a incrementarse un 15% desde marzo pasado y los beneficios netos previstos para 2021 y 2022 rozan los 13.000 millones de euros, con un aumento de al menos 2.500 millones entre 2020 y 2022. ¿De dónde salen esos sustanciosos incrementos? ¿De cobrar las vacunas a precio de coste? Obviamente, no. De hecho, se han filtrado contratos de esta compañía con el Gobierno de Brasil en los que se señala junio de 2021 como fecha del fin de la pandemia, cuando ya no mantendrán siquiera el paripé de vender a precio de coste.[2]

Otras multinacionales como Pfizer o Moderna esperan ingresos por valor de 32.000 millones de euros ¡solo de la vacuna contra la covid en 2021[3]! Para Pfizer la venta de la vacuna se ha convertido en una auténtica subasta al mejor postor, paganado Israel y los países del Golfo el doble e incluso el triple de precio que Europa. De ahí que Israel o Arabia Saudí estén a la cabeza de vacunados —con un 50% y un 30%, respectivamente— mientras que muchos países pobres, en África o América Latina, no recibirán ni una dosis hasta finales de 2021 o ya en 2022. No importa la salud, ni la catástrofe social que exista, exclusivamente cuanto pagues. Así es como Pfizer obtendrá beneficios de entre el 60 y el 80%[4].

Unas compañías que han recibido ingentes recursos públicos de los Gobiernos para investigar y ahora producir la vacuna, con pedidos ya garantizados y pagados por adelantado independientemente de los resultados[5], y con compromisos para que los Gobiernos asuman los costes de cualquier efecto negativo que se dé si hay que abonar indemnizaciones. Es más, las vacunas de Pfizer, Johnson & Johnson o Moderna se han beneficiado del uso de patentes públicas de los Institutos Nacionales de Salud dependientes del Gobierno norteamericano[6], ¡y ahora convertirán sus vacunas en patentes privadas! Es el ejemplo perfecto de los grandes negocios capitalista: ¡cero riesgos, todo el beneficio!

Estado español, ni vacunas ni recursos para producirlas. Más razones que nunca para nacionalizar el sector.

En el caso del Estado español, a pesar de los ingentes recursos movilizados en favor de la banca y el Ibex35, solo se han invertido 8 millones de euros en intentar producir una vacuna. Los propios responsables del CSIC encargados del proyecto señalan que el único inconveniente para avanzar más rápido es el alto coste de las pruebas clínicas. ¿Por qué no se han utilizados los ingentes recursos de la empresas farmacéuticas para aunar esfuerzos, conocimientos, tecnología y recursos? ¿Acaso no era posible con todos estos recursos impulsar una vacuna o transformar el aparato productivo para tener el máximo número de dosis en el menor tiempo posible? Por supuesto que sí, pero eso significaría tocar los bolsillos de los capitalistas.

En una reciente entrevista Pablo Iglesias señalaba: “no me temblaría el pulso en nacionalizar farmacéuticas si tuviera el poder y eso garantizara el derecho a la salud”. Lo que no garantiza el derecho a la salud es la actual situación, donde un puñado de monopolios especula con la vacuna. Hay argumentos y razones de sobra para expropiar y nacionalizar dichas empresas, pero debe existir la voluntad de luchar por ello, movilizando en las calles, señalando con contundencia a los responsables. Ni siquiera se ha llevado al Consejo de Ministros ni al Congreso la propuesta para expropiar y nacionalizar el sector. ¿Eso tampoco es posible? ¿Para qué sirve entonces estar en el Consejo de Ministros?

Es necesario convertir las palabras en acción. Esta es la verdadera cara del capitalismo, negocios a costa de millones de vidas. Por eso, hoy más que nunca, es necesario reivindicar la lucha por la transformación socialista de la sociedad, y que los inmensos recursos científicos y tecnológicos generados por la clase trabajadora sirvan al conjunto de la humanidad.

 

[1] Los fabricantes de vacunas de Covid: un negocio de miles de millones

[2] AstraZeneca's promise to make no profit from its COVID-19 vaccine during the pandemic could expire before July 2021, newly uncovered documents show

[3] Pfizer and Moderna could earn $32 billion in revenues from their COVID-19 vaccines in 2021

[4] Pfizer CEO says it's 'radical' to suggest pharma should forgo profits on COVID-19 vaccine: report

[5] El Gobierno norteamericano hizo pedidos por adelantado a Pfizer por 2.000 millones de dólares.

[6] Leading COVID-19 Vaccine Candidates Depend on NIH Technology


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